Llevo más de un mes sin escribir aquí. Quizás porque esto ya me cansa. Porque abrí este blog para utilizarlo como "vía de escape" (por llamarlo de alguna forma) y por ello le puse precisamente el título que tiene, pero ya nada es lo mismo.
Ya no hay cicatrices que curar desde hace muchos meses.
Ya no hay recuerdos del pasado que vuelvan al presente.
Ya no hay noches sin dormir dándole mil vueltas a viejas historias.
Todo eso ya no existe. En mis pensamientos ya no existen las personas que me "inspiraron" para poner este título a este blog. Están muertas. No están muertas físicamente pero para mí han muerto hace ya muchos meses e incluso años. Aún así, cierto es que quedaban resquicios cuando abrí este blog. Ahora ya no queda nada. Y me alegro. Me alegro enormemente de que no quede nada de todo aquello.
A lo largo de estos meses, desde que decidí crear este blog, también han desaparecido muchas personas que había en mi vida. Y también me alegro.
Hay relaciones de amistad que nunca deberían haber comenzado o personas que nunca debería haber conocido. Pero ya no están. Ahora por fin ya no están. Y me alegro enormemente.
Y al igual que hay personas que han desaparecido, también hay personas que han llegado a mi vida en estos últimos meses. Unas más importantes y otras menos... pero ahí están.
Y también hay personas que están ahí desde hace años. Esas no cambian. Esas han estado, están y seguirán estando ahí durante muchos años. Incluso quizás durante toda la vida. Las amistades consolidadas desde hace casi 15 años es muy difícil que se rompan.
También hay amistades que conservo desde hace unos tres o cuatro años, y que ojalá siga conservando durante muchos años más. Precisamente con una de esas personas que conozco desde hace tres o cuatro años voy a pasar mis vacaciones este año. Y seguro que serán unos días maravillosos.