Septiembre siempre ha sido mi mes favorito del año, desde que era niña.
Cuando
llegaba el verano y terminaba el colegio o el instituto, yo solo quería
que esos meses pasasen volando y llegase septiembre para volver a clase
y para celebrar mi cumpleaños.
Al contrario que a los demás, que
generalmente "odian" ese mes porque es el de la vuelta a los estudios, a
mi me encantaba. Siempre me gustó ir a clase, tanto de pequeña como de
mayor, y que llegase ese mes era señal de volver a estar con mis
compañeros entre libros y profes.
Actualmente, a pesar de que hace ya
unos años que terminé de estudiar y empecé a trabajar, me pasa lo
mismo. No me gusta el verano, no me gustan esos meses de calor, no me
gusta escuchar a la gente gritando en la playa -es lo que tiene vivir en
frente de una-... y por ello siempre quiero que ese tiempo pase lo más
rápido posible y llegue el maravilloso mes de septiembre.
Este
año lo estaba deseando por varios motivos. Trabajar en Turismo en
verano, obviamente, es cansado. Independientemente del trabajo que
realices... el verano es la época en la que la mayoría de las personas
disfrutan de sus vacaciones y a los que trabajamos en Turismo nos toca
currar el doble. Por ello tenía ganas de pasar esos meses, para volver
un poco a la calma, a la tranquilidad, al relax... Y también porque he
cogido mis vacaciones en este mes tan maravilloso y que tanto me gusta.
Me iré a ver a dos amigas y además celebraré mi cumpleaños con una de
ellas... ¿qué más se puede pedir? Mi mes favorito, mis vacaciones, mi cumpleaños... :)
Desde
hace unos días ya tengo mis billetes de avión y de tren. Y cada día que
pasa tengo más ganas de que llegue ese último día de trabajo, salir de
la oficina y poder sentir que soy libre. Sentir que no tengo que
madrugar, que no tengo que estar siete horas y media en la oficina, que
no voy a comer a las cinco de la tarde... Vamos, que va a ser genial.
Dos semanas y media fuera de la oficina, alejada de todo... ¡Voy a
aprovechar esos días todo lo que pueda!