Hoy quiero escribir sobre esas pequeñas cosas de la vida que nos hacen felices o nos entristecen. Esas pequeñas cosas que pueden hacer que se dibuje una sonrisa en nuestra cara o que un montón de lágrimas resbalen por nuestras mejillas.
Para mí algo tan simple como un abrazo o un mensaje inesperado de una persona especial ya me hace feliz. Esos dos ejemplos son dos cosas que me han sucedido esta semana y me han llenado de alegría. Sobretodo lo último, ya que no me esperaba para nada la respuesta que obtuve a un par de mensajes tontos que envié a una persona hace unos días.
Al igual que un detalle bueno puede ser genial, un mal gesto o una discusión me pueden llegar a hacer mucho daño. Sobretodo cuando sucede con una persona que quiero.
La verdad es que las cosas que verdaderamente me afectan mucho son las que suceden con mi familia y con un par de amigas. El resto de la gente me da un poco igual. Quizás esto no suene demasiado bien, pero es la realidad. Para mí las personas básicas en mi vida son mis padres, mi hermana, mi abuela, mi mejor amiga y otra amiga. Porque mi familia lleva conmigo toda la vida y estas dos amigas llevan en mi vida trece años. El resto de personas siempre van a estar por detrás de mi familia y de estas dos amigas, sin dudarlo. Así que lo malo que me pase con el resto de personas me importará, por supuesto, pero nunca tendrá comparación con las personas que he mencionado unas líneas más arriba.
Así que, resumiendo, un detalle muy simple puede hacerme mucho bien o mucho daño. Soy así, qué le voy a hacer.
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